
Final de curso: cuando las notas llegan a casa
Con la llegada de junio, miles de familias reciben las temidas notas finales del curso. Para algunos estudiantes, las notas son motivo de alegría y satisfacción; para otros, pueden convertirse en una fuente de preocupación, frustración o incluso miedo. En estos momentos, la reacción de los adultos tiene un papel fundamental.
Las notas no definen a un niño ni a un adolescente
Es normal que las familias se interesen por el rendimiento académico de sus hijos. Sin embargo, conviene recordar que las notas son una fotografía de un momento concreto y de determinadas competencias, no una medida del valor personal, la inteligencia o el potencial de un niño o adolescente.
Cuando los resultados no son los esperados, es fácil caer en castigos, comparaciones o amenazas relacionadas con el próximo curso. Aunque estas reacciones suelen surgir de la preocupación, rara vez favorecen el aprendizaje. Por el contrario, pueden aumentar la ansiedad y deteriorar la autoestima del menor.
Cómo reaccionar cuando las notas no son las esperadas
Desde la psicología, resulta más útil abordar las notas desde la curiosidad que desde el juicio. Preguntas como ”¿Cómo te sientes con estos resultados?”, ”¿Qué crees que te ha ayudado y qué te ha dificultado este curso?” o ”¿Qué podrías haber hecho mejor o diferente?” abren la puerta a una conversación constructiva.
El objetivo no debe ser buscar culpables, sino comprender qué ha ocurrido y qué puede mejorarse.
También es importante valorar aspectos que no siempre aparecen reflejados en las notas: el esfuerzo realizado, el contexto que ha rodeado al niño durante el curso, la capacidad para superar dificultades, la responsabilidad o el crecimiento personal. Estas habilidades tienen un impacto significativo en el desarrollo y el bienestar futuro.
Acompañar antes que castigar
Por supuesto, si existen asignaturas suspendidas o dificultades académicas, será necesario establecer un plan de acción. Pero hacerlo desde la calma permite que el estudiante perciba los retos como algo alcanzable y no como una sentencia sobre sus capacidades.
El final de curso es, ante todo, una oportunidad para hacer balance. Más allá de las calificaciones, es un buen momento para reconocer los avances, aprender de los errores y transmitir un mensaje esencial a niños y adolescentes: una nota puede describir un resultado, pero nunca definir quiénes son.
¿Cuándo puede ser recomendable consultar con un psicólogo?
En ocasiones, detrás de unas malas notas no hay falta de capacidad ni de esfuerzo. Pueden existir dificultades emocionales, problemas de autoestima, ansiedad, desmotivación o situaciones personales que estén interfiriendo en el aprendizaje.
Si las notas generan un elevado malestar, afectan a la confianza de tu hijo o hija, o las dificultades académicas se mantienen en el tiempo, pedir ayuda profesional puede ser un primer paso para comprender qué está ocurriendo y encontrar estrategias adaptadas a su situación.
En Clínica Self acompañamos a niños, adolescentes y familias desde la cercanía, ayudándoles a entender qué hay detrás de las dificultades y a construir herramientas para afrontarlas.
Leticia Ballesteros – Clínica Self
Leer más
¿Adicción al móvil en adolescentes? El móvil no siempre es el problema
Cada vez escuchamos más hablar de adicción al móvil en adolescentes. En consulta, efectivamente, han aumentado los casos, pero no siempre estamos ante una adicción como tal. Lo que sí es evidente es que muchos jóvenes tienen una relación poco regulada con la tecnología.
Cuando el móvil se convierte en una forma de gestionar emociones
El gran cambio es que el móvil ha pasado de ser una herramienta a convertirse en una forma de gestionar emociones. Lo usan para no aburrirse, para distraerse cuando están mal o para evitar sentirse solos. Y esto no ocurre en el vacío: el acceso es cada vez más temprano, la presión social es constante y, además, los adultos tampoco hemos aprendido a usarlo bien. Difícil enseñar algo que no sabemos gestionar.
A menudo el foco se pone en el tiempo de uso, pero la clave está en otra parte. Sabemos que empieza a ser problemático cuando hay pérdida de control, interfiere en la vida diaria o aparece una dependencia emocional. Sobre todo, cuando no tener el móvil genera irritabilidad, ansiedad o sensación de vacío.
Por qué les cuesta tanto desconectarse del móvil
Tampoco es casualidad que les cueste soltarlo. Las aplicaciones están diseñadas para captar la atención. Funcionan con lo que en psicología llamamos refuerzo intermitente, muy parecido a una tragaperras: no siempre aparece algo interesante, pero cuando lo hace —un like, un mensaje— genera una recompensa que empuja a seguir. Ese “un rato más” no es falta de voluntad, es diseño.
Cómo ayudar a los adolescentes a hacer un uso saludable de la tecnología
Entonces, ¿qué hacemos? Prohibir no suele funcionar. Es más útil educar en el uso: retrasar la entrega del primer móvil, poner normas claras en casa y, sobre todo, revisar el modelo adulto.
También es fundamental ofrecer alternativas reales de ocio y acompañar emocionalmente. Muchos jóvenes no saben qué hacer sin el móvil. El objetivo no es eliminar la tecnología, sino enseñar a convivir con ella de forma saludable.
“Los adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice”.
Porque muchas veces el problema no es el móvil, sino lo que están intentando gestionar a través de él. Y ahí es donde realmente debemos mirar.
Leticia Ballesteros – Clínica Self
Leer más
ADOLESCENCIA, REDES SOCIALES Y BIENESTAR: UN EQUILIBRIO NECESARIO
Como psicóloga y tras años de experiencia trabajando con adolescentes, me gustaría abordar un tema que nos concierne a todos en esta era digital: la influencia de las redes sociales en la salud mental y los trastornos de alimentación entre los jóvenes.
La adolescencia es un viaje emocionante pero también desafiante, donde los jóvenes exploran su identidad y se enfrentan a presiones externas e internas. En este contexto, las redes sociales se han convertido en una herramienta presente que moldea la forma en que los adolescentes perciben el mundo y a sí mismos.
Plataformas como Instagram, TikTok o Youtube ofrecen una ventana a vidas aparentemente perfectas, filtradas y editadas para destacar solo lo mejor. Sin embargo, detrás de esas imágenes retocadas y estilos de vida envidiables, se esconde una realidad compleja. Los adolescentes pueden sentir la presión abrumadora de alcanzar estándares irreales de belleza y perfección, lo que puede desencadenar trastornos de alimentación como la anorexia, la bulimia y la ortorexia.
Es crucial entender que las redes sociales no son el enemigo, pero sí pueden desempeñar un papel significativo en la forma en que los adolescentes perciben sus cuerpos y su valor personal. Como adultos responsables, es nuestro deber fomentar un uso saludable de la tecnología y promover la autoestima y la aceptación del cuerpo en nuestros jóvenes.
Fomentar una comunicación abierta y comprensiva en el hogar, educar sobre los peligros de la comparación constante en línea y promover un estilo de vida equilibrado que incluya una relación saludable con la comida y el ejercicio son pasos fundamentales para proteger el bienestar emocional de nuestros adolescentes.
En resumen, las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para conectar a los jóvenes y fomentar la creatividad, pero también pueden ser un terreno fértil para la inseguridad y los trastornos de alimentación. Como comunidad, debemos trabajar juntos para encontrar un equilibrio saludable y apoyar a nuestros jóvenes en su viaje hacia la autoaceptación y el bienestar emocional.
Leer más